El mundo laboral argentino exhibe un panorama de creciente precariedad. Según el informe del INDEC sobre el Mercado de Trabajo, la Tasa de Informalidad sobre la población ocupada se ubicó en un preocupante 43,2% en el segundo trimestre de 2025, aumentando 1,6 puntos porcentuales (p.p.) respecto al segundo trimestre del 2024. Esto significó que, de cada 10 personas ocupadas, más de 4 se encontraban en un empleo informal y no contaban con registro en la seguridad social, quedando sin la cobertura plena de la legislación laboral.
Federico Pastrana, macroeconomista y director de C-P Consultora, explicó que este aumento es el resultado de una economía estancada que no logra crecer y cuyos ingresos fueron lastimados por alta inflación. “En el actual esquema de estabilización, si bien lograron recuperarse después de la caída fuerte en el 2024, es lógico que la informalidad no baje, porque una de las condiciones necesarias para que mejore el empleo es que haya crecimiento económico, cosa que este año no hubo”, afirmó Pastrana.
Por la modalidad ocupacional, la tasa de informalidad entre los asalariados fue de 37,7%, la de los trabajadores por cuenta propia de 62,5% y la de los patrones de 22,2%. En trimestre referenciado, en el total del empleo informal, los asalariados representaban un 63%, seguidos por los trabajadores por cuenta propia (34%), los patrones (2%) y los trabajadores familiares sin remuneración (1%). Brenda Brown, Dra. en Ciencias Sociales e investigadora de la UNGS, postula que el aumento de informalidad laboral es un problema con el que el capitalismo occidental lidia desde que se adoptó un patrón de acumulación financiero, con una “reprimarización” de la economía en los países periféricos hacia mediados de la década de 1970. Brown también reconoce otro componente más cíclico como lo es el tipo de políticas macroeconómicas que los gobiernos adoptan y de los distintos sectores de actividad que traccionan la producción y el crecimiento económico. “Cuando estas políticas ponen el acento en una dependencia del sector primario y en desproteger a los sectores productores de bienes y servicios más regulados ni a las pequeñas y medianas empresas, el sector informal funciona como ‘sector refugio’.
Por otra parte, los jóvenes experimentan la tasa de informalidad más elevada. Según el informe EDIL (Empleo, distribución e instituciones laborales) del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA sobre el empleo informal y la pobreza laboral, en el primer trimestre de este año la tasa entre los trabajadores de 16 a 24 años fue del 63%, lo que implica que 6 de cada 10 jóvenes son informales. Para Alejandro Gómez, economista y docente de la UNO-UNLu, esto resulta preocupante: “Las jubilaciones de las personas inactivas actuales, provienen de los formales actuales. Si el empleo joven empieza a ser cada vez más informal los aportes jubilatorios van a ser insuficientes como para mantener a toda la población formal que en el periodo anterior hizo sus aportes”.
En lo que respecta a los jubilados, un 51% del rango etario comprendido entre los 65 años y más (60 años en adelante, en el caso de las mujeres) son informales. “Esa jubilación mínima que viene del hecho de que no se hayan realizado los aportes con anterioridad -no porque los empleados no quisieran realizarlos, sino porque era un método para reducir los costos laborales- implica que quienes tengan que seguir empleándose por esa jubilación mínima -que es realmente baja- los obligue a buscar empleos y para no dejar de percibir la jubilación mínima, en muchos casos esos empleos tienen que ser informales”, afirma Gómez.
En el primer trimestre de 2025, la tasa de informalidad total para las mujeres fue del 43,2%, superando la de los hombres (41,1%) en aproximadamente 2 p.p. Brown afirma que este fenómeno se puede asociar a causas distintas. En primer lugar, a patrones culturales que conduce a que “quienes contratan empleados, discriminen a la hora de decidir entre un varón y una mujer, seleccionando en mayor medida al primero. Esto implica que se establecen jerarquías de ingreso al mercado de trabajo en dónde las mujeres se encuentran en una situación desigual y subordinada a sus pares masculinos”. También la economista indica que la división sexual del trabajo sobre la que se asienta nuestra forma de organización social actual, se asienta sobre una idea que continúa hoy vigente: “en los hogares son las mujeres las responsables de realizar las tareas de cuidado no remuneradas y los varones se salir a trabajar y proveer a los hogares de ingresos. Bajo esta dinámica de organización social, aquellas mujeres que sí trabajan de manera remunerada y tienen responsabilidades de cuidado se ven forzadas a tener que compatibilizar estas labores con las ‘productivas’. Estos son algunos de los motivos por los cuales ellas están sobrerrepresentadas en trabajos más flexibles, de menor carga horaria e informales”, concluye Brown.
Las ramas de actividad que concentran la informalidad con los valores más altos son el Servicio Doméstico y la Construcción, ambos con 75,4%. Por otro lado, el Comercio da cuenta de la mayor proporción del empleo informal total: si bien tiene una tasa menor comparada a la del Servicio Doméstico y la Construcción (51,6%), esta actividad comprende el 22,4% del empleo total del país. Gómez resalta que hay que tener en cuenta que tanto servicio doméstico como construcción tiene un alto componente de trabajadores migrantes, lo cual “hace que los empleadores se aprovechen de la situación de vulnerabilidad propia de los migrantes y por lo tanto tiendan a contratarlos de forma informal, dado que no tienen un domicilio fijo, no tienen muchas oportunidades como para otras inserciones laborales más formales y entonces eso los deja sumándose a la vulnerabilidad de ser migrante, la vulnerabilidad de ser informal, en esa situación que se refuerza”.
La informalidad impone una severa “penalidad” de ingresos laborales, siendo en promedio del orden del 44% (EDIL). La brecha es tal que en el primer quintil de ingresos laborales (20% de menores salarios), la incidencia de la informalidad supera el 80%. “El deterioro que hay en el mercado de trabajo tiene que ver que la poca creación de empleo que hay es de mala calidad. Esto impacta sobre las condiciones de vida porque el promedio de los salarios registrados, es prácticamente el doble de un salario en negro o el promedio de un cuentapropista. La situación hace que el hecho de que cuando una persona deja de tener un empleo registrado y consigue un empleo en negro o pasa al cuentapropismo, sus ingresos caen entre 40 y 60%”, explica Pastrana.
Desde el inicio de su gestión, Javier Milei intentó aplicar una serie de reformas con el objetivo de lograr una “modernización laboral” como el blanqueo de empleo en negro, un fondo de cese laboral o el Régimen de Promoción del Empleo Registrado. Estas propuestas buscaron lograr el objetivo declarado de aumentar el empleo, reducir la informalidad y mejorar los ingresos, sin embargo, la informalidad laboral crece día a día y no parece que en el lapso breve vaya a cambiar. “Si hay un contexto de crecimiento para la demanda de empleo, sea en blanco o en negro, no hay posibilidades de que una rebaja de contribuciones que haga bajar un poco el costo laboral tenga un impacto de largo plazo. La propuesta del gobierno tiene una debilidad muy grande y es probable que tenga una frustración muy grande dentro del futuro próximo en el marco de que estas políticas necesitan que efectivamente la economía levante”, sentenció Pastrana. En definitiva, la informalidad laboral en Argentina es un desafío que entrelaza problemáticas estructurales, cíclicas y de grupos específicos, proyectando una sombra sobre la estabilidad social y económica futura.
ANUNM


