Partículas de harina viajan suspendidas en el aire. Nadie lo sabe, nadie se da cuenta. Sin embargo, en la ciudad Chivilcoy, a 167 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, los marcadores serológicos de celiaquía dan positivo en varias personas que no tenían la enfermedad.
Un grupo de investigación sospecha, en un principio, de dos opciones: no estaban diagnosticadas o podrían contraerla en un futuro. Pero algo no les cierra. Los marcadores son muy altos y entonces, una pregunta lo silencia todo: ¿Habrá algún factor ambiental que esté provocando ese incremento?
En 2023, científicos del CONICET y la Universidad Nacional de Luján detectaron harina en el aire de Chivilcoy, lo que abrió las puertas a varios proyectos de investigación. Entre ellos, uno en el que trabajan actualmente, que busca determinar si factores ambientales como el viento, la lluvia o las condiciones climáticas típicas de las diferentes estaciones del año podrían influir en el desarrollo de la celiaquía.
Esta enfermedad es una patología crónica autoinmune cada vez más frecuente. Se calcula que, en todo el mundo, una de cada cien personas la tiene y, se cree que el número puede ser mayor dado que muchos no presentan sintomatología.
Mauricio De Marzi, líder del equipo e investigador del CONICET, contó que, actualmente, están llevando a cabo una búsqueda más sistemática de las partículas de trigo. “Utilizamos unos ‘aparatitos’ en diferentes puntos de la ciudad y otro equipo mucho más sofisticado que censa lo que pasa hora por hora durante todo el año. A su vez todo eso está conectado con los registros de una estación meteorológica”, precisó en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM.
Según el investigador, a través de estos procedimientos pueden detectar cuánta cantidad de partículas de harina hay en el aire, cuál es la distribución y cuál es la influencia de los vientos o de las temperaturas en las diferentes estaciones, así como también de la humedad o la lluvia.
Marianela Ríos – Agencia CTyS – UNLaM