Nariz tapada, estornudos frecuentes, picazón en la garganta o en los ojos y secreción nasal acuosa son síntomas que muchas personas experimentan durante el verano. Aunque suelen asociarse a un resfriado común, en muchos casos se trata de rinitis alérgica, una afección respiratoria frecuente que no siempre es reconocida ni diagnosticada a tiempo.
La rinitis alérgica es una inflamación de la mucosa nasal provocada por una reacción del sistema inmunológico frente a distintos alérgenos ambientales. A diferencia de los cuadros virales, no es contagiosa y los síntomas pueden prolongarse durante semanas o reaparecer de forma recurrente.
Una afección frecuente y subdiagnosticada
En Argentina, millones de personas conviven con rinitis alérgica, aunque una gran parte no cuenta con un diagnóstico formal. La similitud de los síntomas con los resfríos estacionales hace que muchas veces se minimicen las molestias o se atribuyan a cambios de clima.
A nivel mundial, se estima que cientos de millones de personas presentan esta afección, considerada una de las enfermedades respiratorias crónicas más comunes.
Alérgenos del verano y factores ambientales
Durante el verano, la presencia de polen continúa, aunque en menor cantidad que en otras épocas del año. En esta estación cobran mayor relevancia otros desencadenantes, como las gramíneas, los pastos y las malezas, además de los ácaros del polvo, que encuentran en el calor y la humedad condiciones ideales para proliferar.
También influyen factores ambientales como el uso prolongado de aire acondicionado, los cambios bruscos de temperatura entre interiores y exteriores, y la ventilación inadecuada de los ambientes.
Síntomas que ayudan a diferenciarlos
La rinitis alérgica suele manifestarse con estornudos repetidos, congestión nasal, secreción transparente, picazón nasal u ocular y sensación de garganta irritada. A diferencia de los resfríos comunes, estos síntomas no se acompañan de fiebre ni de malestar general y pueden persistir en el tiempo.
Diagnóstico y abordaje
El diagnóstico se realiza a partir de la evaluación clínica y puede confirmarse mediante estudios específicos que permiten identificar los alérgenos responsables. Reconocer el origen de los síntomas es fundamental para elegir el tratamiento adecuado y evitar el uso innecesario de medicación para infecciones virales.
El abordaje puede incluir tratamientos destinados a aliviar los síntomas y, en algunos casos, estrategias a largo plazo orientadas a reducir la sensibilidad frente a los alérgenos.
Prevención y cuidados cotidianos
Si bien no siempre es posible evitar la exposición a los alérgenos, existen medidas que ayudan a reducir el impacto de la rinitis alérgica durante el verano. Ventilar los ambientes diariamente, lavar la ropa de cama con frecuencia, evitar alfombras y objetos que acumulen polvo, limpiar filtros de aire acondicionado y controlar la humedad del hogar son acciones recomendadas.
La importancia de no minimizar los síntomas
La rinitis alérgica puede afectar el descanso, la concentración y el rendimiento diario. Cuando no se trata adecuadamente, también puede favorecer la aparición de otras afecciones respiratorias.
Identificar los síntomas, consultar a tiempo y adoptar medidas preventivas permite atravesar el verano con mayor bienestar y evitar que estas molestias se vuelvan parte de la rutina.
Con info ANUNM


