La disminución en las tasas de vacunación en niños y adolescentes genera preocupación en el ámbito sanitario, ya que puede aumentar el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles como el sarampión, la tos ferina y la poliomielitis.
Especialistas señalan que la baja cobertura no solo impacta en la protección individual, sino que también debilita la inmunidad colectiva, es decir, la protección indirecta que se logra cuando la mayoría de la población está vacunada. Esta situación deja más expuestas a personas que no pueden inmunizarse, como bebés o pacientes con sistemas inmunológicos comprometidos.Informes recientes advierten que los niveles de vacunación se encuentran por debajo de los valores necesarios para garantizar una cobertura adecuada. En particular, se registran descensos en distintas etapas de la vida, con caídas más marcadas en refuerzos de la infancia y la adolescencia.
Entre los factores que explican esta tendencia se mencionan dificultades de acceso a los vacunatorios, limitaciones horarias, barreras laborales y una menor percepción del riesgo frente a enfermedades que han disminuido su circulación. También influye la desinformación, especialmente en entornos digitales.
Si bien los niveles de confianza en las vacunas continúan siendo elevados, especialistas destacan la importancia de reforzar las campañas de concientización y el rol de los equipos de salud en la recomendación activa.
La vacunación es considerada una de las herramientas más eficaces en la prevención de enfermedades, por lo que garantizar el acceso y sostener las coberturas resulta clave para proteger la salud pública y evitar la reaparición de patologías ya controladas.


