El linfoma es un tipo de cáncer que afecta al sistema linfático y se origina en los linfocitos. Existen dos grandes grupos: el linfoma de Hodgkin y los linfomas no Hodgkin, que incluyen distintos subtipos y requieren abordajes específicos.
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran el crecimiento generalmente indoloro de ganglios en el cuello, las axilas o las ingles, cansancio, aumento de la temperatura, pérdida de peso, sudores nocturnos, picazón persistente, tos y falta de aire.
Estos síntomas no significan necesariamente que exista un linfoma, pero si persisten es importante realizar una consulta médica.
La falta de información puede retrasar esa consulta.
Según datos de Lymphoma Coalition, el 75% de las personas diagnosticadas no conocía los síntomas y el 73% desconocía la enfermedad. Además, el 58% tardó seis meses en consultar después de la aparición del primer síntoma.
En 2026, la campaña por el Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma lleva el lema “Ningún paciente viaja solo”, con el objetivo de destacar la importancia del acompañamiento desde los primeros síntomas y el diagnóstico hasta el tratamiento y la vida después de la enfermedad.
El impacto no es solamente físico.
Un diagnóstico de cáncer puede generar miedo, ansiedad, tristeza, enojo e incertidumbre, y estas emociones pueden continuar incluso después de finalizar el tratamiento.
La psicooncología puede brindar herramientas para atravesar estos procesos y también acompañar a familiares y allegados.
Conocer la enfermedad, consultar ante síntomas persistentes y contar con acompañamiento durante las distintas etapas son aspectos centrales para afrontar el linfoma de manera integral.


