El domingo, desde las primeras horas de la tarde, se enfrentaron dos grupos. Uno de ellos intentaba usurpar una casa sobre la calle Martínez Melo entre Alta Gracia (Luzuriaga) y Soulé (Alberti). La pelea fue violenta e incluyó la ostentación de armas blancas. Intervino la policía bonaerense y la Guardia Urbana de la municipalidad de Moreno. Hubo demorados.
Las fuentes consultadas reconstruyeron parte de la disputa y relataron la historia reciente. Ese sector del barrio Villa Herrero de Moreno Sur, en las inmediaciones de la avenida El Cañón y del boulevard Perón, tiene un perfil: la mayoría de los vecinos tiene un promedio de 40 años habitando la zona. Algunas casas quedaron deshabitadas por el fallecimiento de los propietarios. En varios casos, los herederos no tomaron posesión y quedaron abandonadas.
Esta situación fue aprovechada por una familia, que ingresó en una de estas viviendas y desde hace dos décadas, aproximadamente, residen en el lugar. Justo al lado de esta casa, ubicada a mitad de cuadra sobre la calle Martínez Melo entre Alta Gracia (Luzuriaga) y Soulé (Alberti), otra propiedad estaba desocupada.

El domingo pasado, en las primeras horas de la tarde, un grupo de unas 15 personas intentó entrar por la fuerza en esta última vivienda, que cuenta con un paredón de dos metros y un portón vehicular negro. Fueron repelidos por los ocupas antiguos. El enfrentamiento se prolongó por horas, con momentos de calma y nuevas arremetidas.
Ya con la caída del sol, la tensión aumentó y se convirtió en una verdadera batalla campal. Piedrazos y enfrentamiento físico directo. Relucieron las armas blancas, especialmente machetes. La llegada de patrulleros policiales y de la Guardia Urbana de la municipalidad dispersó a los contendientes. Algunos ingresaron a los patios de los vecinos. Sobre el boulevard Perón, los mismos propietarios capturaron a uno de ellos.

Hubo un número indeterminado de demorados, trasladados a la comisaría 1ª de Moreno. Luego de identificarlos, fueron liberados. La calma llegó a la madrugada, aunque la presencia de la fuerza de seguridad se mantuvo preventivamente.
Hay preocupación en el vecindario. Era una zona tradicionalmente tranquila, cuya armonía fue sacudida en la última década, al menos. Los robos se hicieron más frecuentes y el miedo escaló. Este tipo de hechos profundiza lo que ya dejó de ser una sensación, para convertirse en una penosa realidad. Se necesita una fuerte intervención del Estado para evitar males mayores.


