Epilepsia: una enfermedad neurológica frecuente que aún presenta desafíos en su control

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más extendidos a nivel mundial y afecta a millones de personas.

Se estima que más de 50 millones conviven con esta condición y, en Argentina, alcanza aproximadamente a 1 de cada 100 habitantes.Se trata de una enfermedad caracterizada por crisis originadas en descargas eléctricas anormales en el cerebro.

Estas pueden manifestarse de distintas formas: movimientos involuntarios, pérdida de conciencia, episodios breves de desconexión o alteraciones sensoriales y conductuales.

La presentación varía según la zona cerebral involucrada y la edad del paciente.Si bien en muchos casos las crisis pueden controlarse con medicación, esto no ocurre en todos los pacientes.

Alrededor de 3 de cada 10 personas presentan epilepsia farmacorresistente, lo que implica que continúan teniendo crisis a pesar del uso adecuado de al menos dos tratamientos anticonvulsivantes.

Más allá de los episodios en sí, la epilepsia puede impactar en la vida cotidiana: influye en el aprendizaje, la autonomía y la vida social, además de generar una importante carga emocional en el entorno familiar, marcada por la incertidumbre y la necesidad de cuidados constantes.

Frente a los casos en los que los fármacos no logran un buen control, los especialistas destacan la importancia de evaluar alternativas terapéuticas en centros especializados.

Entre ellas, la terapia cetogénica se consolidó como una opción no farmacológica eficaz en determinados pacientes.

Este tratamiento nutricional modifica la alimentación, priorizando las grasas, moderando las proteínas y reduciendo los carbohidratos para inducir un estado metabólico llamado cetosis, que puede contribuir a disminuir la frecuencia e intensidad de las crisis. Estudios señalan que hasta un 60% de los pacientes con epilepsia farmacorresistente logra reducir significativamente sus episodios, e incluso algunos pueden eliminarlos por completo.

Además del control de las crisis, en ciertos casos se observan mejoras cognitivas, conductuales y en la calidad de vida, así como la posibilidad de reducir la medicación y sus efectos adversos.

No obstante, se trata de una estrategia que requiere indicación médica precisa, seguimiento continuo y el trabajo de un equipo multidisciplinario. Su implementación implica planificación, controles periódicos y un alto nivel de adherencia, por lo que el acompañamiento profesional resulta clave para las familias.

En este contexto, los especialistas coinciden en la necesidad de ampliar el conocimiento sobre la epilepsia, no solo para mejorar el acceso a tratamientos adecuados, sino también para reducir el estigma que aún persiste en torno a la enfermedad.