Nicolás Martorell, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del CONICET, analiza el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, la ciencia y la salud, y advierte sobre los interrogantes que plantea una tecnología capaz de transformar nuestra relación con el conocimiento y con nosotros mismos.
Durante las últimas semanas se reavivó el debate en torno a la inteligencia artificial, sus usos y alcances. Estadistas, académicos y empresarios del mundo tecnológico aportan perspectivas sobre si es necesario ralentizar el desarrollo de los modelos de lenguaje e implementar una regulación.
La problemática fue uno de los temas centrales del último encuentro de la Asamblea General de la ONU, celebrado a fines de septiembre.Pero ¿qué es capaz de hacer la inteligencia artificial? ¿Cómo podrá influir en las diferentes áreas de la sociedad una tecnología que ya está presente en la vida cotidiana?
Nicolás Martorell es doctor en Ciencias Biológicas e ingeniero en Programación y, desde hace varios años, se dedica a la comunicación pública de la ciencia.
Recientemente publicó el libro Qué es (y qué no es) la inteligencia artificial. Guía básica para entenderla, cuestionarla… y adelantarse al futuro (Siglo XXI Editores, 2026), donde aborda estos y otros interrogantes.
“El libro nació en una búsqueda de informar y abrir la imaginación de las personas que no saben qué es la IA, ese otro organismo en la Tierra capaz de pensar”, comentó el especialista e investigador del CONICET, en diálogo con Agencia CTyS-UNLaM.
Cuando comenzaste a escribir el libro, seguramente tendrías una postura formada.
Cuando lo terminaste de escribir, ¿cambió tu opinión sobre el tema?Creo que, cuando empecé a escribir el libro, tenía una postura un poco más optimista. Estaba un poco más del lado de “la ciencia se va a resolver con la IA, va a acelerar el progreso y nos vamos para la utopía”. No estaba cien por ciento de ese lado, pero estaba más cerca de eso. Si bien conocía los peligros y los tomaba en serio, no los sentía tan visceralmente, no tenía esa intuición tan desarrollada. Y ahora, después de haber escrito el libro y de haber trabajado con otras cosas, me parece que tengo una intuición un poco más balanceada.
No creo tampoco que estemos yendo directo para el Apocalipsis, pero tampoco creo que esté asegurado, ni de cerca, un desenlace positivo a toda esta historia.
Me parece que depende mucho de las acciones que tomemos ahora mismo como sociedad. Si somos responsables, si investigamos, si encontramos soluciones… me parece que depende mucho de eso.
Una de las cuestiones que parece preocupar más en las discusiones públicas es el empleo.
¿Qué impacto considerás que tiene actualmente y que va a tener a futuro la IA en el ámbito laboral?Yo creo que ahora el impacto es real, pero es limitado, porque los modelos todavía tienen mucho por mejorar. Estamos en un momento un poco contradictorio: mucha gente se está adelantando al futuro y piensa que, como la IA debería poder hacer determinadas cosas, puede utilizarla para resolverlas. En muchos casos, puede funcionar parcialmente bien. Pero también, en muchos otros, como la IA todavía no es suficientemente inteligente, termina incluso siendo menos eficiente o produciendo resultados peores.
En la actualidad, las IA tienen capacidades distintas. Son muy buenas en algunas cosas y no tanto en otras, y la gente todavía no tuvo suficiente tiempo de uso de estas herramientas como para darse cuenta. Además, como están cambiando muy rápido, es difícil estar bien enterados de qué es bueno y qué no en un determinado modelo.
Hay tareas que realmente se vuelven mucho más rápidas y eficientes. Un uso muy claro es la programación, donde los programadores interactúan con una inteligencia artificial como si fuera una conversación. La IA escribe el código y ellos chequean el resultado.
Pero hay otras tareas en las que asumimos que la IA va a poder hacer algo, no puede y termina entorpeciendo más que ayudando.Tu área de trabajo está en el campo de la biología.
¿Cómo sentís que está impactando allí y cuál es el aporte que esperás o que deseás que la IA realice en ese campo?Ahí lo veo muy asociado a la investigación científica y al avance de los descubrimientos relacionados con todas las áreas de la biología.
Usualmente, por ejemplo, uno piensa en la salud como un área muy importante, porque la IA puede acelerar el progreso científico.
En ciencia hay mucha programación; de hecho, mi doctorado en Biología fue en gran parte programar cosas.
Si la IA acelera todo eso, de repente, algo que antes llevaba un doctorado entero, que son cinco años acá en Argentina, por ahí lo resolvés en seis meses.
Después tenés los otros cuatro años y medio del doctorado para seguir haciendo más cosas. Es realmente un factor que acelera muchísimo la investigación científica.
A mí eso me da, por un lado, esperanzas de que realmente la IA nos permita descubrir, por ejemplo, nuevos medicamentos.
Eso ya está ocurriendo: estamos en ese proceso donde se encuentran medicamentos que sirven para lo mismo, pero más baratos, y bajan los costos.
O se encuentran nuevos, que no existían antes, y eso permite curar ciertas enfermedades que hoy no tienen cura. Sería increíble.
Por otro lado, la IA podría ayudarnos a resolver problemas que van más allá de la salud humana, relacionados con cuestiones ecosistémicas. Sabemos que estamos en una crisis ecológica muy terrible en este momento.
Para mí, el punto clave es que, en general, los humanos resolvemos los problemas con más tecnología, con nuevos descubrimientos.
Por supuesto, uno puede ver también la cara negativa y, así como la IA puede crear medicamentos para enfermedades que hoy no tienen cura, también podría crear, en manos de actores que no tengan las mejores intenciones, nuevas enfermedades o virus diseñados por la IA que podrían ser mucho peores que las enfermedades que tenemos hoy en día.Entonces, creo que el punto es que, como con toda tecnología, es una herramienta súper poderosa que, dependiendo de quién la use, puede tener excelentes beneficios para la humanidad o puede ser muy peligrosa.
Un capítulo de tu libro se llama “El último invento”. ¿Por qué te pareció importante incluirlo?Creo que es importante hablar no solamente del efecto que la IA va a tener, por ejemplo, en los trabajos, en la salud o en el ambiente.
Todo esto es importante, pero incluso si le encontramos la vuelta a todos estos desafíos, tenemos otro problema entre las manos.
Es a lo que refiero en el libro como este movimiento copernicano.
Hace ya muchos años, Nicolás Copérnico mostraba que la Tierra no es el centro del universo, sino que gira alrededor del Sol, y nos da como una lección de humildad a la humanidad: no somos el centro, estamos en la periferia.
Eso, hasta ahora, no sucedió con la propiedad elemental que separa a la humanidad de otros seres vivos en este planeta, que es su inteligencia.
Seguimos siendo, en algún sentido, el centro del universo en esa dimensión en particular: somos los seres más inteligentes que conocemos. Por lo tanto, en ese sentido tenemos como un podio en el que podemos seguir apoyándonos.
Pero si la IA nos sobrepasa en eso, si nos “destrona”, tenemos un problema que no se resuelve con más tecnología, sino que es existencial y de sentido.
Tiene que ver con cómo le encontramos la lógica a nuestra especie, cómo encontramos nuestro lugar en el mundo y el sentido a nuestra vida si ya no somos los protagonistas de la historia.
Si es la IA la que está trabajando, la que está haciendo, la que está decidiendo, la que puede ver más allá y mejor que nosotros, la que puede investigar mejor ciencia y hacer mejores descubrimientos, incluso cuando los haga todos para nuestro propio beneficio, que es el mejor de los casos, seguimos preguntándonos: “Entonces nosotros, ¿qué hacemos?, ¿qué significa eso para lo que quiere decir ser humano?”. Queda ese problema más existencial.
CTyS-UNLaM


