La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica que puede tener consecuencias físicas y emocionales más allá de las lesiones visibles.
Aunque suele manifestarse con placas enrojecidas, engrosadas y cubiertas de escamas, los especialistas advierten que la extensión de la superficie afectada no siempre refleja el impacto real de la enfermedad.
Se trata de una afección de origen inmunológico y no contagiosa que puede provocar picazón, ardor, dolor y grietas en la piel.
Las lesiones suelen aparecer en los codos, las rodillas y el cuero cabelludo, aunque también pueden comprometer zonas como la cara, las manos, los pies y los genitales.
En algunos pacientes, además, puede asociarse con inflamación de las articulaciones, una condición conocida como artritis psoriásica.
La médica dermatóloga Cristina Echeverría, del Instituto de Rehabilitación Psicofísica y consejera del International Psoriasis Council, explicó que incluso una superficie reducida de piel afectada puede generar importantes limitaciones cuando las lesiones se encuentran en áreas de mayor impacto físico, emocional y social.
Por ese motivo, al evaluar la enfermedad y definir un tratamiento, no solo se tiene en cuenta la cantidad de piel comprometida, sino también la ubicación de las lesiones y cómo afectan la vida cotidiana de cada paciente.
El impacto en la calidad de vidaUn relevamiento realizado por la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO) mostró las consecuencias que puede tener la enfermedad en distintos aspectos de la vida.
El 64,5% de los participantes señaló que su evolución afectó su calidad de vida, mientras que el 51,6% debió modificar sus actividades habituales y el 39,1% consideró que su condición había empeorado durante los seis meses previos a la consulta.
La carga emocional también aparece entre las principales dificultades: el 48,4% manifestó síntomas de ansiedad o depresión vinculados con su enfermedad y las preocupaciones asociadas a ella.
Las dificultades para acceder a los tratamientos
El relevamiento también expuso obstáculos económicos y administrativos para recibir atención.
Durante los seis meses anteriores, el 43,4% de los encuestados postergó o suspendió consultas médicas por motivos económicos y el 41,6% tuvo dificultades para encontrar profesionales que aceptaran su cobertura de salud.
En cuanto a los tratamientos, el 41,8% informó problemas para acceder a los medicamentos y el 39,1% debió afrontar copagos por prestaciones que anteriormente estaban cubiertas.
Además, el 40,4% recurrió a sus ahorros o a la ayuda de familiares y amigos para afrontar gastos relacionados con su salud.
Los especialistas y las organizaciones de pacientes destacan la importancia de contar con un diagnóstico adecuado, acceder a tratamientos individualizados y mantener la continuidad de la atención.
El abordaje debe contemplar tanto las manifestaciones físicas como las consecuencias emocionales y sociales de la psoriasis.


