Aunque las bajas temperaturas reducen la actividad del mosquito que transmite el dengue, el riesgo de la enfermedad no desaparece durante el invierno.
Los huevos del Aedes aegypti pueden permanecer viables durante varios meses y desarrollarse nuevamente cuando regresan las condiciones favorables de temperatura y humedad.
El mosquito deposita sus huevos en recipientes que pueden acumular agua, como macetas, baldes, bebederos de animales, neumáticos y canaletas. Por eso, eliminar estos posibles criaderos continúa siendo una de las principales medidas de prevención, incluso durante los meses fríos.
En los últimos años, distintos factores como el aumento de las temperaturas promedio, los cambios en los patrones de lluvias, la urbanización y una mayor circulación de personas contribuyeron a la expansión del dengue.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la fiebre alta, dolor de cabeza intenso, dolor detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y erupciones en la piel.
Ante estos signos, se recomienda realizar una consulta médica y evitar la automedicación con ibuprofeno o aspirina.
La prevención debe mantenerse durante todo el año: eliminar los recipientes que puedan acumular agua permite reducir la presencia del mosquito y anticiparse a la temporada de mayor circulación.


