Albano Cochiarella tenía 39 años. Fue asesinado a fines de febrero del 2023 en el barrio Santa Julia de La Reja. El objetivo: robarle la moto. Varios meses después, la policía detuvo a dos sujetos por el crimen. Un menor, quien disparó dos veces contra Cochiarella y le dio muerte, recibió una condena de seis años de prisión. Sí, seis años de prisión. Su cómplice, que manejaba la moto con la que asaltaron a Cochiarella, recibió la pena de 15 años y está alojado en una unidad carcelaria de la provincia.
La vida de Albano Cochiarella terminó en la noche del domingo 26 de febrero del 2023. Albano había salido de su empleo en el peaje de la Autopista del Oeste y había pasado a buscar en su moto Honda XR 150 negra con vivos rojos a su pareja, Evelyn. La chica trabajaba en una cancha de pádel en pleno centro de Francisco Álvarez. Tomaron por Ruta 7 y doblaron por Belisario Roldán en dirección al Acceso. Se dirigían a la casa de la madre de su novia.
Cuando llegaron al cruce de Belisario Roldán con la calle La Piedad, en el barrio Santa Julia de la localidad morenense de La Reja, una moto Yamaha Tenere de 250 cc se puso a la par. Dos sujetos viajaban en ese vehículo. El conductor le habría gritado a Albano Cochiarella que se trataba de un robo. El acompañante disparó inmediatamente, sin darle lugar a reaccionar. Una bala ingresó por la clavícula izquierda y otra en la boca. Antes de caer al suelo, Cochiarella ya estaba muerto.
Las cámaras de seguridad municipales captaron la ruta de escape. Las imágenes pierden de vista a los asesinos cuando se internan en José C. Paz. La causa recayó en la UFI Nº 3 del Departamento Judicial de Moreno y General Rodríguez, y en la jurisdicción del servicio de calle de la comisaría 7ª de Moreno (La Reja). Debido a la trascendencia del hecho, el Ministerio de Seguridad bonaerense destinó recursos extraordinarios para la resolución del caso.
Pocos días después, el personal del Comando de Patrullas de José C. Paz, en una recorrida de rutina, observó tres motos con seis sujetos que salían de un predio donde se reúnen jóvenes que ostentan este tipo de vehículos. Allí realizan maniobras temerarias. Los policías dieron orden de detenerse. Lejos de acatar la requisitoria, comenzó una persecución.
Fueron 20 minutos frenéticos, dejando atrás cuadras y cuadras. En una curva, el conductor de una de las motos perdió el control y cayó en una zanja. Huyó a la carrera, pero el acompañante quedó en el lugar, con una pierna fracturada. Fue detenido. El vehículo era una Honda XR 150 negra y roja. Pese a que los números de chasis y motor estaban parcialmente borrados, algunas letras y números eran legibles. Coincidían parcialmente con los que de la moto robada a Albano Cochiarella. Posteriormente, a través de pericias, resultó ser la misma, sin lugar a dudas.
El sujeto herido y detenido declaró que él solo había acompañado a un amigo a dar una vuelta y que desconocía que la moto había sido robada. Los investigadores llegaron hasta el conductor. Reconoció que sabía que el vehículo había sido el botín de un asalto, pero no que habían asesinado al legítimo dueño para sustraerla. Había pagado 80.000 pesos y brindó el nombre del vendedor, un chico de 18 años cuyas iniciales eran A.C.A.
A.C.A., con 18 años recién cumplidos, desapareció de los lugares que solía frecuentar. Los detectives deshilvanaron la madeja y obtuvieron el dato de que este joven integraba la banda de un cruel delincuente conocido como “Trucón”. Todos residían en el Plan Federal de Viviendas “Néstor Kirchner”, ubicado en el extremo oeste del partido de José C. Paz. Se mantenían económicamente mediante robos modalidad “motochorros”.
Se juntaban en la vereda de la casa de un sujeto con discapacidad, empleado “irregular” de la municipalidad de José C. Paz. “Irregular” porque cobraba pensión nacional, su puesto laboral estaba a nombre de otra persona que percibía el sueldo y se quedaba con un porcentaje. La persona en cuestión, con problemas motrices de nacimiento, era una suerte de referente social del barrio. En su momento vendía drogas y luego fue reducidor de elementos robados. Una hermana de este estaba en pareja con A.C.A. Cursaba el tercer mes de embarazo.
No fue fácil la tarea de los pesquisas. Lograron testimonios, algunos de ellos anónimos. Así reconstruyeron parte de la fatídica noche en la que mataron a Albano Cochiarella.
A.C.A., junto a Mauricio Cortez, de 21 años, le sacaron la moto en calidad de préstamo a otro sujeto. Ese vehículo, una Yamaha Tenere de 250 cc verde y gris, también era robado. Transcurría la tarde del domingo 26 de febrero del 2023. Varias horas después regresaron. Traían una moto Honda XR 150 negra con sectores rojos. Y se vanagloriaban de “haber hecho volar” a las víctimas. Portaban una pistola. Y eran conscientes de que habían causado una muerte. Quien disparó fue A.C.A. Cortez manejaba la Tenere.
Todo este trabajo investigativo determinó que desde la fiscalía de Pontecorvo solicitaran órdenes de allanamiento al Juzgado de Garantías Nº 2, a cargo de Gabriel Castro. Con el dato de que A.C.A. posiblemente era menor de edad al momento del crimen, se le dio intervención a la UFI Nº 6 de Responsabilidad Penal Juvenil, en ese entonces bajo la conducción del fiscal Raúl Villalba. En las redadas no encontraron a los sospechosos, pero secuestraron elementos de interés para la causa, entre ellos teléfonos celulares que fueron desbloqueados.
En octubre del 2023 fue capturado Mauricio Cortez. En noviembre del 2024 detuvieron a A.C.A. En ese entonces, la fiscalía de menores estaba a cargo de la Dra. Alejandra Piqué. Villalba había muerto de un infarto fulminante en mayo de ese año.
El 23 de junio pasado, la Dra. Silvina Beatriz Giumelli, integrante del Tribunal Oral Criminal Nº 4 del Departamento Judicial de Mercedes, actuando de manera unipersonal, avaló el acuerdo alcanzado en el juicio abreviado seguido a Mauricio Cortez, hoy de 24 años. Lo condenaron a 15 años de prisión de cumplimiento efectivo por considerarlo penalmente responsable de la muerte de Albano Cochiarella, en calidad de coautor. Pesó, además, su calidad de reincidente. Ya tenía antecedentes.
En enero de este año se evaluó la condena de A.C.A., también lograda en juicio abreviado meses antes. A.C.A. alcanzó la mayoría de edad el 8 de abril del 2023, un mes y diez días después del asesinato de Albano Cochiarella. A todas luces era menor al momento del crimen. A.C.A., quien disparó según quedó acreditado en el expediente, había recibido una sentencia de 12 años de encierro. En el Juzgado de Garantías del Joven, cuya titular es la Dra. Mirta Guarino, se analizaron medidas cautelares, que además era un delincuente “primerizo” y se aplicó la reducción a la pena de tentativa. Una sentencia que terminó fijada en 6 años de prisión. Los cumple en una unidad carcelaria especializada en adultos jóvenes.
Albano tenía 39 años aquel domingo de febrero del 2023, cuando fue cobardemente asesinado. Los 40 los cumplía el 7 de marzo. Quien escribe estas líneas, Rodrigo Solórzano, lo conocía desde que era un adolescente. Un pibe excelente, a quien la vida le dio dos golpes durísimos: las muertes de su madre y de una de sus hermanas, Aldana. No sin dificultad, salió adelante. Tuvo una hija, que hoy vive en España junto a su madre. Estaba en pareja con una maravillosa y amorosa chica llamada Evelyn. Sus restos descansan en el cementerio municipal de Moreno, a 300 metros del lugar donde lo mataron por una moto. No hay que olvidarlo.
Su papá, Luciano, se enteró de las condenas por un llamado telefónico que le hicimos. No fue notificado por parte de la justicia. Lo primero que nos dijo: “a mi hijo no lo recupero”. Cuestionó duramente a “la justicia es un asco, no solamente por lo que pasó con Albano” al conocer la pena del menor y se resignó “al menos algo hicieron”. Nada más que decir.
Palabras de Evelyn en su estado de WhatsApp:
“¿Cómo se mide el valor de una vida después de que alguien la pierde? Todo parece reducirse a una cantidad de años y no puedo dejar de pensar en lo que significan esos años para cada uno.
Para quien los cumple, algún día terminan. Los años pasan. Puede volver a construir su vida: trabajar, enamorarse, formar una familia, tener hijos, hacer planes, tener un futuro. Para nosotros, en cambio, esos años no terminan nunca.
Porque mientras esa persona algún día pueda recuperar su libertad y continuar con su vida, nosotros tenemos que continuar con la nuestra sin él. Con la ausencia. Con los recuerdos. Con todo lo que quedó pendiente. Con los proyectos que ya no van a existir. Con las cosas que nunca vamos a saber cómo hubieran sido.
Y eso es lo que más bronca me da: la enorme desproporción entre una condena y una vida.
Porque para nosotros no son algunos años. Son todos los años que él no va a vivir.
Todos los cumpleaños que no va a celebrar.
Todos los proyectos que no va a poder cumplir.
Todas las conversaciones que no vamos a volver a tener.
Todas las etapas de nuestra vida en las que debería haber estado.
Para ellos algunos años son una parte de su vida. Para nosotros, su muerte es el resto de la nuestra.”
Fin



