La expectativa de vida continúa en aumento y, con ella, crece el interés por herramientas que permitan llegar a la adultez mayor con una mejor calidad de vida.
En ese contexto, especialistas destacan el papel de la genética y la medicina personalizada para prevenir enfermedades, promover hábitos saludables y favorecer un envejecimiento activo.
De acuerdo con proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para 2050 las personas de 65 años o más representarán cerca del 19% de la población de América Latina, un escenario que plantea nuevos desafíos para los sistemas de salud y la prevención.
Los expertos sostienen que la longevidad ya no se mide únicamente por la cantidad de años vividos, sino también por la posibilidad de mantener la autonomía, la movilidad y el bienestar físico y mental durante más tiempo.
En este marco, el análisis del ADN se presenta como una herramienta que permite personalizar aspectos vinculados a la alimentación, la actividad física, el descanso e incluso la respuesta del organismo a determinados medicamentos, favoreciendo estrategias preventivas adaptadas a cada persona.
Además, los avances en epigenética permiten conocer la denominada edad biológica, un indicador que refleja cómo influyen factores como la nutrición, el ejercicio y el sueño sobre el funcionamiento de los genes relacionados con el envejecimiento.
La medicina de precisión también aporta información útil para identificar predisposiciones a enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer y otras patologías crónicas, facilitando controles preventivos y tratamientos más específicos cuando corresponde.
Especialistas remarcan que la combinación entre hábitos saludables, controles médicos periódicos y herramientas de medicina personalizada representa una oportunidad para mejorar la calidad de vida de una población cada vez más longeva, promoviendo un envejecimiento activo y saludable.


