Cada argentino descarta en promedio 38 kilos de comida apta para el consumo al año

La pérdida y el desperdicio de alimentos atraviesan toda la cadena alimentaria.

Frutas, verduras, lácteos y panificados se encuentran entre los productos que más se descartan en los hogares.

En Argentina, se estima que hasta un tercio de los alimentos producidos se pierde o desperdicia a lo largo de las distintas etapas de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta el consumo final.

Cada persona descarta en promedio 38 kilos de comida apta para el consumo por año, principalmente productos de alto valor nutricional como frutas y verduras frescas, lácteos y panificados.

La problemática también tiene una dimensión global: cada año se tiran aproximadamente 1.300 millones de toneladas de alimentos en buen estado.

Cerca del 14% de los alimentos producidos se pierde entre la cosecha y la distribución, mientras que otro 17% se desperdicia durante la venta minorista y en los hogares.

La pérdida de alimentos se produce principalmente por fallas técnicas, problemas logísticos o de infraestructura y condiciones climáticas adversas, que reducen la cantidad o calidad de los productos antes de que lleguen al consumidor.

El desperdicio, en cambio, comprende alimentos seguros y aptos para el consumo que son descartados por motivos evitables, como compras excesivas, errores de planificación, mala conservación o criterios estéticos.

Por su impacto, la pérdida y el desperdicio de alimentos representan un desafío para la sostenibilidad y la soberanía alimentaria.

El 29 de septiembre fue establecido como el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, con el objetivo de sensibilizar sobre esta problemática y sus posibles soluciones.

Recomendaciones para reducir el desperdicio

Para aprovechar mejor los alimentos y evitar descartes innecesarios en los hogares, se recomienda:

– Revisar los alimentos disponibles antes de hacer las compras, elaborar una lista según las comidas posibles y adquirir productos con una intención concreta de consumo.

– Aplicar el criterio First In, First Out, consumiendo primero los alimentos que ingresaron antes al hogar.

– Organizar correctamente la heladera: estantes superiores para cocidos y sobras; estantes medios para lácteos y huevos; estante inferior para carnes en recipientes cerrados; y cajones para frutas y vegetales.

– Rotular con fecha las preparaciones guardadas en el freezer, blanquear los vegetales antes de congelarlos y descongelar siempre en la heladera.

– Reutilizar las sobras en preparaciones como salteados, tortillas, sopas o croquetas, y aprovechar partes no convencionales como tallos, hojas o cáscaras limpias.

– Refrigerar las sobras en menos de dos horas y recalentarlas completamente a alta temperatura una sola vez.

Reducir el desperdicio también permite optimizar el uso de recursos agrícolas y económicos, favorecer la eficiencia de los sistemas alimentarios y contribuir a mejorar el acceso a alimentos nutritivos en contextos donde coexisten distintas formas de malnutrición.

Además, cuando los alimentos descartados terminan en basurales o vertederos, su descomposición contribuye a la generación de gases de efecto invernadero.

A nivel mundial, la pérdida y el desperdicio de alimentos representan entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de estos gases.Frente a esta problemática, los profesionales de la nutrición cumplen un rol estratégico en la economía alimentaria, la densidad nutricional, la educación alimentaria y el desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles.

También intervienen en servicios de alimentación para reducir desperdicios en comedores e instituciones y fortalecer la autonomía y soberanía de las comunidades.

Abordar el desperdicio de alimentos desde la educación y las políticas de Estado resulta fundamental, ya que se trata de una problemática que atraviesa las dimensiones ambiental, económica y social y requiere la colaboración de todos los actores de la cadena alimentaria.

Info Colegio de Nutricionistas PBA