Especialistas y referentes educativos analizaron cómo las redes sociales modificaron las formas de relacionarse y plantearon la importancia de encontrar un equilibrio entre la conexión virtual y los vínculos presenciales.
La digitalización transformó distintos aspectos de la vida cotidiana y, especialmente, las formas de comunicación y de construcción de vínculos.
Las redes sociales permiten mantener contacto con otras personas y acceder a información de manera inmediata, aunque la hiperconectividad también genera nuevos desafíos relacionados con la soledad, la salud mental y la exposición permanente a contenidos.
El antropólogo Daniel Daza Prado, especialista en Tecnología Educativa y Etnografía de lo Digital, explicó que las plataformas funcionan dentro de una denominada “economía de la atención”, diseñada para captar el interés de los usuarios y favorecer su permanencia en ellas.
En este sentido, señaló que las redes también generan una sensación de cercanía y pertenencia que no necesariamente reemplaza los vínculos humanos presenciales.
Por su parte, la psicóloga Luana Salvatierra destacó que la experiencia de la soledad es diferente para cada persona y que las redes pueden tener efectos distintos según la historia y las circunstancias de cada individuo.
En personas con ansiedad, depresión o trastornos del ánimo, así como en adolescentes que atraviesan la construcción de su identidad, determinados contenidos y las comparaciones pueden profundizar el malestar.
Frente a este escenario, el director de la Escuela Creciendo Juntos de Paso del Rey, Juan Giménez, remarcó el papel de la institución educativa como espacio de mediación frente al avance tecnológico. Desde la escuela se promueven pausas, momentos de encuentro y el diálogo cara a cara para fortalecer la convivencia y los vínculos.
La institución también desarrolla jornadas sobre el uso de tecnologías y redes sociales y talleres con las familias, mientras incorpora herramientas digitales en actividades pedagógicas como la edición de videos y la radio escolar.
Los especialistas coincidieron en la importancia de construir un uso equilibrado y consciente de la tecnología, recuperando actividades y espacios que permitan la interacción presencial. Leer, hacer ejercicio, participar de talleres o simplemente compartir un momento con otras personas son algunas de las alternativas planteadas para evitar que la vida cotidiana quede limitada al entorno digital.
En definitiva, la tecnología forma parte de la vida diaria y ofrece múltiples posibilidades, pero el desafío consiste en integrarla de manera responsable sin perder los espacios de encuentro, los vínculos genuinos y el contacto con la realidad cotidiana.
Info ANUNM


